domingo, 4 de diciembre de 2016

LOS ÉXTASIS DE PLOTINO

LOS ÉXTASIS DE PLOTINO
Gustavo Flores Quelopana
Sociedad Peruana de Filosofía
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Si hemos de creerle a Porfirio, durante los seis años que vivió en compañía de Plotino éste experimentó cuatro éxtasis. De dónde procedieron los éxtasis de Plotino. ¿Vinieron de Dios o de otras potencias preternaturales?

Enseña la historia de las religiones y la teología que lo Sobrenatural es la actuación que va más allá de cualquier naturaleza creada y es la forma de obrar sólo de Dios. Mientras que lo Preternatural es la forma de actuación que va más allá del obrar de la naturaleza material y que puede ser fruto de la actuación de una naturaleza angélica o demoníaca. Lo natural es la forma de actuar que se conforma al obrar de la naturaleza.

Si el éxtasis es el experimentar la unión mística con Dios mediante la contemplación y la disminución de las potencias orgánicas, ¿fue esta dicha la que conoció Plotino? ¿Ese ardiente anhelo de unión con la sublime unidad con que culmina la metafísica de la luz del yo ideal de la filosofía griega no es en el fondo la misma aspiración unitiva del ancestral panteísmo de los brahmanes? ¿No hay acaso éxtasis natural –acto de conocer, amar, ingesta de alucinógenos, por ejemplo-, éxtasis preternatural –inducido por ángeles o demonios- y éxtasis sobrenatural –venido de Dios-? En cuál de ellas es clasificable los éxtasis de Plotino.

El estudio del éxtasis está comprendido dentro de la historia de la mística. Y mística junto al éxtasis hay desde el paleolítico inferior hasta nuestros días. Desde los pueblos prehistóricos hasta las culturas primitivas, culturas superiores y la presente era secularizada, hay mística junto a fenómenos de éxtasis. Así, el famoso estudio de Mircea Eliade, El Chamanismo y las técnicas arcaicas del éxtasis, ilustran una de las muchas formas de éxtasis dentro de la historia de las religiones. ¿Pero todas sus formas vienen de Dios?

Por eso, yo quisiera comprender la historia de la mística en cinco edades: 1. La edad arcaica o prehistórica de la incompresible unión con lo numinoso, 2. La edad ancestral de la unión con el absoluto impersonal, 3. La edad antigua clásico-mítica del yo ideal, 4. La edad de la fe, y 5. La edad de la apostasía o secularización extendida.

Así, por ejemplo, en la edad arcaica o numinosa el chamán trata con seres celestes, espíritus de los muertos, demonios, semidioses y logra una visión del mundo paradisíaco; en la edad ancestral se diseña una disciplina mental para reintegrarse en lo sagrado y transhistórico; en la edad clásico-mítica lo mítico es desplazado por una metafísica para elevarse hacia la unidad; en la edad de la fe los místicos presentaban éxtasis espectaculares; en la edad de la apostasía los místicos dentro y fuera de los conventos exhiben vocaciones accesibles en la vida ordinaria.

No está demás dejar apuntado que lo singular de la mística arcaica  es que es comunicable, mientras que en la mística superior de las grandes religiones –especialmente cristiana- hay contenidos no comunicables. Ejemplo de esto último lo hallamos en el rapto místico de Santo Tomás de Aquino, acto tras lo cual dice: “Después de lo visto por gracia divina, admito que todo que he escrito es paja”.

Si quisiéramos presentar un esquema de la presencia universal del fenómeno místico en las diversas religiones se tendría que admitir su fenomenología en: 1. Las religiones de integración (prehistoria, pueblos primitivos, siberianos, amerindios, oceánicos, indochinos, australianos, africanos); 2. Las religiones de servicio (Egipto, Mesopotamia, Indoeuropeos, Celtas, Eslavos, Germanos, Griegos y Romanos, Semitas, Cananeos, China, Japón, Azteca, Maya, Incas); 3. Las religiones de liberación (Maniqueísmo, Gnosticismo, Hinduísmo, Budismo, Jainismo, Taoísmo, Confucionismo); 4. Las religiones de salvación (Mazdeísmo, Judaísmo, Cristianismo, Islamismo); 5. Las religiones seculares (industrialismo, fascismo, marxismo, liberalismo, cientificismo, materialismo práctico).  

Ahora bien, Maritain dijo una vez que el éxtasis de Plotino no es el ejercicio supremo de la mística sino el punto de desvanecimiento de la metafísica. Pues la metafísica por sí sola no puede procurar el éxtasis místico.

Según Porfirio, este rapto extático que aparece cuatro veces en la vida de Plotino es la luz intelectual inspirado por un demonio superior que habitaba en él y que se apareció en forma sensible cuando muere. Cuando Plotino entrega su espíritu bajo su lecho una serpiente se desliza para desaparecer en un agujero de la pared. Para Maritain lo que acude en el éxtasis de Plotino es el eros metafísico de las naturalezas intelectuales sobrehumanas rectoras de este mundo. En otras palabras, allí donde todavía no reina Cristo la razón natural que tiene una tendencia propia hacia la búsqueda de la verdad es orientada o confundida, preparada o engañada por las naturalezas intelectuales angelicales o demoníacas.

Si esto es así, entonces significa que ni el demiurgo platónico del Timeo, ni las tres potencias plotínicas (el Uno, la Inteligencia y el Alma) eran capaces de provocar un éxtasis sobrenatural. Pero no había inconveniente que sin el auxilio de la Revelación sí produjeran un éxtasis natural y preternatural.

Con esto quedó confirmado no sólo que Platón y Aristóteles son los padres de la teología natural –conocimiento de ciertas características de Dios (espíritu, principio, ordenador, bueno, puro, primer motor) por medio de la sola razón humana-, sino que la razón sin el auxilio de la fe es incapaz de alcanzar las verdades sobrenaturales del misterio divino (Creación, Trinidad, Encarnación, Resurrección, Salvación).

No se trata de dudar de los éxtasis de Plotino y de la versión de Porfirio, de lo que se trata es de esclarecer la fuente de donde provinieron los éxtasis plotínicos. Y por relato de la serpiente se puede columbrar que dicha fuente fue demoníaca. La pregunta aquí es: ¿puede el demonio estar interesado en un ardiente anhelo de sublime unidad metafísica con lo divino? Y la respuesta es positiva, sobre todo a la luz de la inminente llegada del mensaje de Cristo. Dejar sentada la oposición entre la unidad metafísica a la unidad de la fe sería el principal objetivo.

Allí donde Cristo no reina todavía se le permite al agón griego dar los últimos coletazos insistiendo en la vía metafísica de ascenso personal hacia lo divino. Pero lo que caracteriza al amor cristiano es que Dios viene al hombre para salvarlo. Por ello, como subraya Scheler, el principio metafísico griego es frio, no ama, ni se le puede amar, es la ley del destino lo que gobierna el universo y dentro de él lo único que le queda al hombre superior es ser sabio. Más el cristianismo viene para los legos, los que no pueden llegar a Dios, pero reciben su auxilio amoroso. La metafísica cristiana tiene una dirección soteriológica inversa a la griega.

Tampoco hay duda que el éxtasis de Plotino responde a una forma por excelencia del conocimiento de lo real, como una manera de estar ante la presencia viva de la realidad y que responde a una ontología de lo concreto. El otro extremo lo representa Aristóteles con el conocimiento conceptual deductivo, abstracto y nocional, que logra un esquema de lo real y responde a una ontología abstracta. Pero ninguno de los dos llega a comprender el origen de la realidad misma, que es Dios. Para ello sería necesaria la revelación.

Cuando Pablo de Tarso habla en Atenas a los idealistas de la Estoa y a los platónicos -y no hay duda que también lo escucharían los partidarios de las sustancias hipostasiadas de los plotinianos- ya se había cerrado la brecha entre el pensamiento y la sabiduría increada. La filosofía griega que identificó el Logos como la eterna sabiduría de Dios, sin la revelación estaba ciega para comprender a ese mismo Dios. Pero esa brecha de la metafísica griega de las esencias sería cerrada por la metafísica cristiana de la existencia.

Efectivamente, sin la concepción de Dios como persona suprema, omnisciente, omnisapiente y omnipotente no era posible superar el horizonte mental griego con su principio metafísico supremo del Nihil ex nihilo o Nada viene de la nada.

Es precisamente San Agustín quien con gran acierto señala que el que busca a Dios con ciencia y sin fe es engañado por "potestades aéreas" con sus "poderes mágicos", que no es sino el "diablo transfigurado en ángel de luz"

En una palabra, en cierta forma los éxtasis místicos de Plotino eran la forma máxima preternatural a que se podía llegar en la vida mística occidental antes del reinado de Cristo. De alguna manera los éxtasis plotínicos son parte de la pedagogía divina antes de la revelación. Tuvieron lugar no para que el espíritu humano se perdiera en las tinieblas, sino para conocimiento y sabiduría del hombre en su camino hacia Dios.


Lima, Salamanca 04 de diciembre del 2016

sábado, 3 de diciembre de 2016

EL SUICIDIO DE ARGUEDAS

EL SUICIDIO DE ARGUEDAS
Gustavo Flores Quelopana
Sociedad Peruana de Filosofía
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Tengo la firme sospecha que la causa del suicidio de Arguedas no fue la abstrusa situación de no hallar su lugar dentro de la sociedad –a lo sumo ésta sería la excusa-, sino que la real raíz del problema sería el abuso sexual infantil.

Esta idea fue sembrada en mi espíritu luego de una amena tertulia con mi amigo el ingeniero Hugo Chacón, quien viene por largos años estudiando a Arguedas. Entonces, me aboqué a la lectura de materiales especializados sobre el tema para precisar con más detalle la enigmática causa del suicidio del insigne pensador.

La asociación entre suicidio y abuso infantil es una tema poco explorado por la ciencia especializada hasta hace poco. Y recién ha comenzado su exploración en relación con el suicidio adolescente y juvenil. Más descuidado aun es el estudio entre suicidio adulto y abuso infantil, como es la hipótesis que desplazo en este ensayo breve.

Por lo pronto la correspondencia de Arguedas permite constatar que su “fervor por el Perú” lo sostiene con vida. Por tanto, este ideal permitiría sostener que nunca perdió su lugar dentro de la sociedad.

Más bien la exploración debe ir por otro camino. Arguedas fue una persona humillada y marginada desde niño. Su madrasta y su hermanastro fueron seres profundamente perversos, colindantes con la psicopatía, que lo sometieron a una serie de torturas psicológicas y trataron de destruir su autoestima.

Es más, él que se reconocía en un país profundamente racista como “un blanco entre los indios y un indio entre los blancos” sabía manejarse en términos étnicos. Por ende, su desequilibrio tampoco provenía del lado racial.

A su psicoanalista lola Hoffman le hace saber su desesperado lucha contra la muerte. Pero de dónde le venía la depresión, cuál era su origen.

Para que se produzca abuso sexual no necesariamente se debe producir penetración porque también se comete este crimen sobre la víctima cuando se le obliga al niño a presenciar actividades sexuales de otras personas. Todo esto es parte del componente de violencia del abuso sexual.

Esta parece haber sido exactamente la situación vivida por Arguedas con su disipado hermanastro bastante mayor, quien le habría obligado a presenciar actos sexuales indebidos. Por lo demás, se conoce que el afamado escritor no tuvo hijos y su infecundidad es también un enigma. ¿Fue causado por un trauma físico o de un trastorno psicológico?

Su esposa Sybila era una mujer fecunda y ardiente. Cosa que al depresivo novelista le representaba una causa más de ansiedad. No obstante, cuentan sus íntimos que el intelectual no se excluía del amor mercenario. Cosa que se relaciona con su muy lastimada autoestima.

Otro detalle interesante es que Arguedas sufría de insomnio –constatado por Luis E. Valcárcel- y justamente el abuso infantil presenta como sintomatología la falta de sueño nocturno. Conoció la separación conyugal –en 1965 se divorcia de Celia- y se vuelve a enamorar de una dama chilena. Su nueva mujer Sybila era apasionada y ella misma confiesa que era “imposible no amar a Arguedas”. O sea, la falta de amor tampoco fue la causa de su suicidio.

También se conoce que Arguedas para escribir necesitaba retirarse a lugares soledosos, alejados y muy silenciosos. Llegaba al extremo de ir a mudarse para escribir al Museo de Sitio de Pachacamac, donde estaba su amigo Arturo Jiménez Borja como director. Y otro de los síntomas del abuso sexual es el aislamiento, el retiro, la búsqueda de la pérdida del contacto humano.

Si sentía fervor por el Perú, no le faltó amor conyugal -a pesar de no engendrar prole-, lidiar bien con el tema racial en un país discriminador, entonces cuál fue la causa de su profunda depresión que lo llevó al suicidio. Su gran inteligencia y fina sensibilidad fue otro factor que aunado a su sufrimiento lo predisponía al auto-tormento.

Tampoco le faltó amor filial. En 1965 conoce a su hermana Nelly Arguedas, con quien va a mantener una relación de amor y ternura. Menos aun sería la angustia económica el motivo del desenlace suicida. No le faltó fuente de trabajo: del Instituto de Etnología pasó a ser Jefe de la Casa dela Cultura, luego nombrado Director del Museo Nacional de Historia, para terminar como profesor a tiempo completo en la Universidad Agraria La Molina. Tampoco le faltaron premios literarios y tenía sentido humorístico. Hasta gustaba cantar. Incluso hasta el final de su vida estuvo abocado a trabajos de recopilación, traducción y difusión. Es decir, no le faltó ilusión intelectual. Entonces qué lo llevó a la muerte.

Al parecer la causa de sus dolencias psíquicas estaba en un estrato más profundo y que se relaciona con el abuso sexual infantil de que fue objeto. ¿Pero pudo este trauma llevar a la muerte a un hombre adulto?

No hay duda que Arguedas en sus libros refleja no sólo el Perú de los humillados y ofendidos, sino que proyecta su propia biografía en Agua, Yawar Fiesta, Diamantes y Pedernales, Los ríos profundos, El Sexto, Todas las sangres, El sueño del Pongo, El zorro de arriba y el zorro de abajo. Y no han faltado intentos de rastrear su biografía en su bibliografía. Además, el propio Arguedas se propone como terapia auto biografiarse en ellas.

Sus misivas consignan sus múltiples intentos de suicidio. En una carta de 1961 a John Murra consigna que su angustia y melancolía le viene desde la infancia, y en otra misiva de 1966 a Arístides Arguedas le confiesa su aniquilación psíquica. Desde entonces su aislamiento se acentuó. Tratando de huir de sí mismo viajaba afiebradamente.

Cerca del hundimiento final en 1969 escribe en su novela póstuma que no sobrevivirá al libro. Cuando siente que ya no puede escribir, que la terapia psiquiátrica es inoperante, no puede dar clases ni viajar, es cuando toma la decisión fatal. Junto a su última novela da término a la gran novela de su propia vida.

En su última entrevista a Ariel Dorfman dice: “Soy un hombre civilizado…un indígena del Perú, indígena, no indio”. Era casi una respuesta a aquella chiquilla iqueña llamada Pompeya que despreció su amor argumentando: “no quiero tener amores con serranos”. Su última palabra que lo enaltece tiene que ver con la condición humana: “soy un civilizado”. Es decir, un hombre cuyo valor no depende de la raza, el lugar, ni el país, sino de la dignidad moral.

Esto permite comprender que su firme defensa del mundo quechua y del indio no tiene relación con el indigenismo de Guamán Poma, ni con el mesticismo del Inca Garcilaso, sino con su humanismo y sed de justicia social que no dejó que se encasillara en ningún socialismo ideológico.

En una palabra, sostengo que la profunda depresión padecida por Arguedas tuvo su origen en el abuso sexual infantil. Se cumplen en su caso los factores de riesgo (edad, aislamiento, malos vínculos familiares, falta de un progenitor protector, indefensión, madrasta sin empatía hacia su persona y presencia del perpetrador con el hermanastro amoral y abusivo). El impacto duradero y devastador se revela en las consecuencias a largo plazo que fueron: trastornos de sueño, alimentación, depresión, aislamiento, baja autoestima, victimización, necesidad de reconocimiento, tendencias suicidas.

La recurrencia y cronicidad de la depresión asociada al insomnio tuvo su origen en un trastorno afectivo. La cara más visible de todo este cortejo sintomatológico lo fue su apatía final, inhabilidad para pensar y la astenia o pérdida de energía vital.

Este depresión profunda de Arguedas simbolizó la de toda una raza subyugada, una nación marginada y una historia republicana infame. Lo que vino después con el Gobierno del General Velasco Alvarado –se quebró la columna vertebral de la oligarquía terrateniente- es parte de otra historia que cambió para siempre el Perú. El Perú de ayer salió de la otrora depresión racial para compartir hoy la depresión moral del mundo neoliberal actual.   


Lima, Salamanca 03 de diciembre del 2016

miércoles, 30 de noviembre de 2016

"BAGUA" OBRA PÓSTUMA DE SARA JOFFRÉ

LA BARBARIE DE LA CIVILIZACIÓN
Prólogo a la obra póstuma de Sara Joffré
Gustavo Flores Quelopana
Sociedad Peruana de Filosofía
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Cuando un pueblo mancilla el derecho de sus hermanos menores pierde el derecho de llamarse civilizado para degradarse en bárbaro. Cuando un Gobierno atropella los derechos de quienes está obligado a proteger y defender, entonces deviene en prevaricador. Cuando un mandatario capitanea del despojo del recurso natural de modestas comunidades amazónicas ya no estamos ante un representante legítimo, sino ante la ferocidad execrable de un testaferro de las grandes corporaciones transnacionales.   

Esta fue exactamente la situación que configuró el conflicto y masacre de Bagua en 2009, y tengo la firme sospecha que si no prosperó hacia un genocidio fue porque gran parte de los aborígenes eran ex licenciados del ejército, grandes conocedores del terreno selvático y porque las fuerzas armadas no estuvieron dispuestas a manchar sus manos de sangre después de su ominosa complicación en la guerra sucia de la lucha antisubversiva.

Este tema candente es abordado en la última obra que quedó inédita de nuestra incomparable amiga, prolífica autora y conspicua dramaturga Sara Joffré (1935-2014).

El principal mérito de esta pieza de teatro estriba en que no limita el significado y sentido histórico del conflicto de Bagua en los masacrados, muertos y desaparecidos, sino en que tras los cientos de protestantes de las etnias Awajún, Wampis, Matsigüenga, Asháninka, Achuar y Bora, en que detrás de los decretos del nuevo sistema forestal, impuestos sin consulta previa como establece el Convenio 169 de la OIT, y declarados como inconstitucionales por la Defensoría del Pueblo, está la triste y negra figura del político cipayo y servil a los intereses voraces de las transnacionales mineras y petroleras.

Nuestra celebérrima Sara Joffré con esta pieza de teatro nos incita a meditar sobre la necesidad de un proyecto nacional de desarrollo que responda a las verdaderas necesidades nacionales. Y nos hace ver sin tapujos la triste perspectiva de quienes prolongan la visión extractiva de país impuesta desde el Virrey Toledo.

En esta obra estética e ideales están unidos, forma y fondo corren parejos y ligadas a razones políticas e históricas. No es al arte puesto al servicio vulgar de lo ideológico, es arte por el arte que de forma irremediable expresa una necesidad imperiosa de la condición humana, a saber, la necesidad de justicia.

Bien reza el evangelio: “Lo que hacéis a uno solo de mis pequeños, a mí me lo hacéis”. Por eso aquí no se trata del espúrea y pervertido argumento de 28 millones de habitantes contra 250 mil nativos selváticos. De lo que se trata  es de algo inmarcesible y profundo, diáfano y cristalino como el brillo de un impoluto mar. Aquí se trata de la sed de justicia de los pueblos indígenas y de todos los pueblos del mundo.

La imposición de modelos de desarrollo desconectadas de la realidad comunal solamente oculta nefastos intereses personales y corporativos que están destruyendo el planeta y la moral pública.

Por todas estas razones saludemos la publicación de esta obra póstuma “Bagua” de nuestra insigne dramaturga por mediación de su hija, porque expresa el mensaje final de su prédica artística: cautelar la libertad humana dentro de un espíritu de justicia.


Lima, Salamanca 30 de Noviembre del 2016

domingo, 27 de noviembre de 2016

EL IDEOLOGISMO ESTÉTICO DE MARIÁTEGUI

EL IDEOLOGISMO ESTÉTICO DE MARIÁTEGUI
Gustavo Flores Quelopana
Sociedad Peruana de Filosofía
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Es indudable que Mariátegui, junto con Vallejo y Cossío del Pomar, fueron los exiliados que más promovieron en sus escritos el arte vanguardista en la conservadora Lima. Y en este punto Mariátegui fue en arte un vanguardista.

Pero cuando promueve la figura del costumbrista indigenista Sabogal como lo más representativo del arte peruano y el primer pintor peruano, no procede como vanguardista estético sino como esteta ideologizado.

Más aun, su error es más evidente cuando en El artista y su época augura un triunfo al plástico de lo autóctono. Pero Sabogal fracasa en su exposición pictórica de la cosmopolita Buenos Aires. Sabogal no representaba lo más excelso del vanguardismo pictórico peruano. En ese caso se tenía la figura acabada de Carlos Quizpez Asín.  

La clave de este desvarío no es su marxismo sino su nacionalismo. Su marxismo heterodoxo no era capaz de promover a Sabogal sin su acendrado nacionalismo antiimperialista.

El Perú artístico de los años veinte está en búsqueda de un lenguaje estético contestatario al tema del casacón representado por Teófilo Castillo y que encarnaba el espíritu del arte oligárquico. El arte burgués buscaba abrirse paso mediante el lenguaje vanguardista, siendo más atrevido que el postimpresionismo del pintor Carlos Baca Flor.

Pero Teófilo Castillo dio pasos firmes en la defensa del impresionismo y de esta forma colaboró en la disolución del arte oligárquico. No obstante, el gusto conservador limeño persistía en su rechazo del arte de vanguardia y se aferraba al gusto afrancesado.

Aquí la pregunta es si la reivindicación pictórica de lo indio y del paisaje serrano por Sabogal –cosa ya hecha en la literatura por Riva Agüero en Paisaje Peruanos resultado de un viaje efectuado en 1912 (publicado póstumamente en 1944) y que más tarde lo haría la filosofía con Mariano Iberico (Notas sobre el paisaje de la Sierra, 1937)- realmente representaba la nota más sobresaliente de la estética nacional de entonces.

Eran los años en que Pablo Picasso se hacía universal con su propuesta cubista, sin explorar en la identidad española y retrotrayéndose al arte primitivo. O sea apelaba a la vocación estética de la condición humana.

Pero aquí Mariátegui defendía y promovía lo vanguardista como apología de la idea sobre la forma, pero de modo incongruente consideraba como el primer exponente pictórico al indigenista Sabogal cuando, por el contrario, lo más congruente hubiese sido que revalorara a Carlos Quizpez Asín como el pintor peruano más representativo del arte vanguardista.

El conspicuo historiador del arte Fernando Villegas Torres señala que los críticos españoles habían reprochado al pintor arequipeño Domingo Pantigoso su influencia vanguardista y que debía encontrar un lenguaje distinto al europeo. De entonces data el desarrollo de su propuesta el Ultraorbicismo que se acerca al estudio del arte precolombino (Vínculos artísticos entre España y Perú (1892-1929). Elementos para la construcción del imaginario nacional peruano. Fondo Editorial del Congreso de la República Lima 2016. Pág. 505).

Al abrirse camino la revalorización de la raza indígena y del paisaje de la sierra en un contexto oligárquico de desprecio de lo nacional y de inhumana opresión social, no es extraño que en el rechazo del arte oligárquico cobrara más peso no el arte burgués vanguardista sino el arte indigenista-nacionalista.

Pero saldar una cuenta estética pendiente con el mundo oligárquico no justificaba tomar a Sabogal como lo más representativo del arte nacional. Sin duda, esta vertiente fue importante en la construcción nacionalista del imaginario nacional –así lo testimonian Camilo Blas, Julia Codesido, Enrique Camino Brent y Teresa Carvallo- pero no representaba lo estéticamente más avanzado del arte nacional.

El corazón del arte vanguardista mostraba un alejamiento del contexto local o nacional, es el cosmopolitismo por excelencia, pero también es abrir un boquete para que entre la luz universal de la condición humana.

En cambio, el meollo del arte indigenista era la reivindicación sociocultural de una raza oprimida, de una nacionalidad vernácula despojada de su propia historia. La tensión ideológico-cultural en el pathos de la historia peruana se cruzaba de manera poderosa como una tarea previa en la realización de un lenguaje estético propio que pugnaba por liquidar el arte oligárquico.

Pero un ismo vinculado al pensamiento andino iba directamente contra la estética y el pensamiento del mundo oligárquico pero no iba hacia la realización de un lenguaje estético libre de lo ideológico.

El llamado indigenismo al no ser capaz de abandonar el tema de lo indio estrechó el lenguaje estético a lo étnico y fue un retroceso en la expresión de “todas las sangres” de la identidad peruana. En cambio el Ultraísmo buscaba plasmar primeramente un nuevo lenguaje estético y no tanto expresar la identidad peruana. Así, Quizpez Asín es el primer auténtico vanguardista peruano que trató aglutinar Futurismo y Cubismo para edificar una mirada pictórica desde su propia problemática y sin interferencias nacionalistas ni ideológicas.

No hay duda que Mariátegui fue inconsecuente con su defensa del vanguardismo, se dejó llevar por la imperiosa necesidad de derrotar el orden oligárquico mediante el lenguaje nacionalista, confundió la autonomía estética con las necesidades ideológicas.

Mariátegui confiaba que su apoyo a Sabogal representaba el inicio de una revolución cultural. Pero se equivocó. Conocedor del carácter revolucionario del arte vanguardista no obstante optó por la subordinación de la creación artística a la política.

Tomar conciencia ahora de esta dicotomía es importante porque estando a las puertas del Bicentenario del Perú aun no hemos pensado estéticamente esta celebración.

Leguía lo hizo en la celebración del Centenario con patrones afrancesados. ¿Acaso lo haremos hoy en día con patrones norteamericanizados?

De una cosa sí debemos estar seguros de haber aprendido la lección: una cosa es el arte y otra cosa es la ideología. Confundir ambas cosas nos ha afeado, ha impedido embellecer nuestra realidad.

Si algo nos falta de modo imperioso es amar la belleza por la belleza, amar el arte por el arte, sin anteojeras ideológicas ni políticas. Nos hace falta embellecer nuestro entorno. Hacen falta grandes muralistas. Nos faltan monumentos. Nos faltan grandes escultores. Nos faltan fuentes de agua. El ser humano no puede vivir sin belleza, de lo contrario empobrece su realidad y su entorno se embrutece. En una palabra, nos hace falta un Renacimiento.

Quizá no sea la hora histórica para ello, pero bien vale dejarlo apuntado para la memoria histórica de los peruanos.


Lima, Salamanca 27 de noviembre del 2016

sábado, 26 de noviembre de 2016

MILICIANO EN EL CIELO (FIDEL CASTRO HA MUERTO)

UN MILICIANO EN EL CIELO
(Poema necrológico)
Gustavo Flores Quelopana
Sociedad Peruana de Filosofía
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Se lo llevó Dios y no una bala del imperio.
Símbolo de la libertad antimperialista
rescató la soberanía para el oprimido pueblo.
Fidel Castro ha muerto.

Con los bolsillos vacíos como un Cristo
dio educación, salud y dignidad,
a pesar del oprobioso embargo de sesenta años.
Fidel Castro ha muerto.

Resistió y venció.
Y la rosa libertaria que sembró
Rebrotará con fe revolucionaria.
¡Fidel Castro vivirá por siempre!


Lima, Salamanca 26 de noviembre del 2016